Los errores clásicos
La tarta, el eje truncado y cuándo truncar es legítimo, el área para magnitudes lineales, el eje dual y el 3D: qué falla exactamente en cada uno y qué se pone en su lugar.
Los errores de este artículo no son de código: el gráfico se dibuja perfectamente y comunica algo distinto de lo que dicen los datos. Cuatro de ellos son tan frecuentes que tienen nombre propio, y cada uno tiene una explicación precisa en términos de qué canal perceptual se está usando mal. Y uno de los cuatro, el eje truncado, es el único de la lista donde la respuesta correcta es «depende», y conviene saber de qué.
- Explicar por qué la tarta falla y en qué tres casos es aceptable.
- Distinguir cuándo el eje debe empezar en cero y cuándo truncar es correcto.
- Detectar el uso de área o volumen para codificar una magnitud lineal.
- Sustituir un eje dual por una de las tres alternativas honestas.
El gráfico de tarta
El problema no es que sea feo: es que codifica con el canal del puesto cuatro cuando existe la alternativa del puesto uno con el mismo esfuerzo. Comparar dos sectores es comparar ángulos, y comparar ángulos es una tarea en la que los humanos somos malos de forma medible.
Se agravan tres cosas:
No se pueden comparar dos tartas. Dos tartas contiguas obligan a estimar cada sector por separado y restar mentalmente. Un par de gráficos de barras con el mismo eje responde a la misma pregunta de un vistazo.
Los sectores pequeños desaparecen. Cualquier categoría por debajo del tres o cuatro por ciento se convierte en una astilla sin etiqueta posible.
El orden no es evidente. En un gráfico de barras ordenado, el ranking se lee. En una tarta con seis sectores parecidos, ordenar el segundo, el tercero y el cuarto requiere estimar tres ángulos.
Un apunte sobre la variante en rosquilla, que suele defenderse como si fuera peor: en las réplicas modernas del experimento de Cleveland y McGill se midieron las dos y no se encontró que la rosquilla fuera significativamente peor que la tarta. La interpretación habitual es que el lector no está usando solo el ángulo del vértice, sino también la longitud del arco y el área, y quitar el centro no elimina esas dos. Es decir: la rosquilla no arregla nada y tampoco estropea nada. La discusión sobre el agujero es irrelevante frente a la discusión sobre el canal.
Y los tres casos donde la tarta es aceptable:
- Dos o tres categorías, donde comparar ángulos muy distintos es fácil.
- La pregunta es literalmente sobre la parte y el todo, y en particular sobre si algo es más o menos de la mitad, que es la única lectura angular que hacemos bien porque el ángulo recto y el llano son referencias.
- Los valores están escritos, y el gráfico solo aporta la impresión de reparto.
Fuera de esos tres, una barra apilada única horizontal hace el mismo trabajo, ocupa menos, se ordena y permite poner las etiquetas.
El eje truncado
Aquí está la única regla de este artículo que tiene dos respuestas, y la clave es qué canal codifica el valor.
En un gráfico de barras, el eje debe empezar en cero. La barra codifica el valor con su longitud, y una longitud solo significa algo respecto a un origen. Si el eje empieza en 95 y las barras valen 98 y 100, el lector ve una barra que mide el doble que la otra, y la diferencia real es del dos por ciento. No es una exageración subjetiva: la longitud dibujada es literalmente el doble.
En un gráfico de líneas, el eje no tiene por qué empezar en cero. La línea codifica con la posición y con la pendiente, no con la longitud desde el origen. Forzar el cero en una serie de temperaturas corporales, de cotizaciones o de porcentajes de disponibilidad entre el 99,9 y el 99,99 aplasta toda la variación contra el borde superior y esconde exactamente lo que el gráfico venía a mostrar.
Que esto no es una sutileza teórica está medido. En un trabajo de Pandey y otros presentado en 2015 se evaluaron experimentalmente varias técnicas de distorsión, entre ellas el eje truncado, y se encontró que cambian de forma significativa el juicio de los lectores sobre la magnitud de las diferencias. Un trabajo posterior de Correll, Bertini y Franconeri, de 2020, matizó el asunto: confirmó el sesgo, y a la vez argumentó que la prohibición absoluta es demasiado simple y propuso señalar visualmente el truncamiento en lugar de prohibirlo.
De ahí sale la práctica correcta cuando truncas:
- Que se vea. Una marca de rotura en el eje, o una anotación explícita.
- Que el eje esté etiquetado con claridad en su valor mínimo, no solo en las marcas intermedias.
- Que no haya barras. Si hay barras y truncas, cambia a puntos sobre una línea: el punto codifica posición y no promete un origen.
El área y el volumen para magnitudes lineales
Este es un error de aritmética, no de percepción, y por eso es el más indefendible.
Cuando alguien representa «el doble de ventas» con un icono el doble de alto, el icono es también el doble de ancho, así que ocupa cuatro veces el área. El lector percibe área. La representación exagera por un factor cuadrático. Con un icono tridimensional el factor es cúbico: el doble se ve ocho veces mayor.
Es exactamente el mismo problema del radio de las burbujas que se trata en la escala de raíz cuadrada, pero aplicado a imágenes, y es más difícil de detectar porque no hay ninguna línea de código que diga radio = valor: hay una etiqueta de imagen con un ancho y un alto.
La regla es corta: si escalas algo en dos dimensiones para representar una cantidad, la cantidad tiene que ir en el área, no en el lado. Y si escalas en tres, olvídalo: no hay corrección que salve un volumen, porque a la subestimación del área se le suma la ambigüedad de la perspectiva.
La alternativa que funciona para representar cantidades con iconos es el gráfico de pictogramas: no un icono grande, sino muchos iconos idénticos, uno por unidad. La cantidad pasa a codificarse por conteo y por longitud de la fila, que son canales precisos, y de paso el gráfico se vuelve legible para audiencias que no leen ejes.
El eje dual y el 3D
El 3D en un gráfico de datos no tiene defensa cuando los datos son bidimensionales. La perspectiva hace que dos elementos de la misma altura se dibujen con alturas distintas según su profundidad, los elementos delanteros ocultan a los traseros, y el canal pasa del puesto uno al puesto seis. La tarta en 3D es el caso extremo: la inclinación hace que los sectores delanteros parezcan mayores, así que el gráfico miente de forma sistemática y en una dirección concreta.
La excepción real: cuando los datos son tridimensionales y el usuario puede rotar. Un volumen médico, una superficie de respuesta, una nube de puntos en tres dimensiones con control interactivo. Ahí el 3D no es decoración, y la interacción compensa la oclusión.
El eje dual es el más discutido y el que merece el callout.
Un gráfico con dos series y dos ejes verticales de magnitudes distintas (ventas en euros a la izquierda, visitas a la derecha) es una de las representaciones más comunes en paneles de empresa, y esconde un problema que no es de estilo sino de lógica.
El punto donde las dos curvas se cruzan no significa nada. Depende por completo de los dos rangos que hayas elegido, y esos rangos son arbitrarios. Cambia el máximo del eje derecho y el cruce se mueve a donde quieras. Estíralo un poco más y las dos curvas se separan; encógelo y se juntan.
Ese grado de libertad tiene una consecuencia demoledora: puedes hacer que dos series cualesquiera parezcan correlacionadas. Basta con elegir los dos rangos para que las dos curvas se solapen. Y puedes hacer lo contrario. Ninguna de las dos versiones es más falsa que la otra, porque ninguna de las dos afirma nada verificable. El lector, en cambio, sí lee una afirmación: ve dos curvas que suben juntas y concluye que están relacionadas.
Hay un segundo problema, más silencioso: el lector no sabe qué curva va con qué eje. Con dos series distinguidas solo por color y dos ejes distinguidos solo por su lado, hay que hacer una consulta de la leyenda por cada lectura. Con tres series y dos ejes, es directamente imposible.
Las tres alternativas honestas, en orden de preferencia:
Uno: dos paneles apilados con el eje horizontal compartido. Cada serie con su propio eje vertical, uno debajo del otro, alineados. Se conserva toda la información, la comparación temporal se hace verticalmente, y no se afirma ninguna relación de magnitud entre las dos. Es la sustitución correcta en el noventa por ciento de los casos y casi nadie la prueba.
Dos: indexar las dos series a una base común. Divide cada serie por su valor en una fecha de referencia y multiplica por cien. Ahora las dos están en la misma unidad, «porcentaje respecto a enero», y comparten un solo eje. Esta es la respuesta cuando la pregunta es sobre crecimiento relativo, que es lo que la gente suele querer cuando dibuja un eje dual.
Tres: dibujar directamente la magnitud derivada. Si lo que te interesa es la relación entre las dos series, dibújala: ingresos por visita, coste por conversión, ventas por empleado. Una sola serie, un solo eje, y la pregunta respondida sin que el lector tenga que hacer la división mentalmente.
Y si aun así hay que usar un eje dual porque alguien lo exige, dos mitigaciones reducen el daño: colorea cada eje con el color de su serie, incluidos los números de las marcas, para que la asociación sea inmediata; y elige los rangos con una regla defendible y escríbela, por ejemplo que cada eje vaya de cero al máximo de su serie. No arregla el problema de fondo, y al menos quita la arbitrariedad de la elección.
El resumen que se puede decir en una reunión: un eje dual no tiene una respuesta correcta, tiene infinitas, y elegir una es afirmar algo que los datos no dicen.
Coge una pareja de series de tu panel dibujada con eje dual y produce tres versiones del mismo gráfico cambiando solo el rango del eje derecho: una donde las curvas se solapen, una donde la derecha esté siempre por encima y una donde esté siempre por debajo. Enséñale las tres a alguien y pregúntale qué relación ve entre las dos métricas. Tener las tres imágenes es el argumento más eficaz que existe para retirar un eje dual de un panel.